Michel Sandel publicó en el 2020 el libro “La tiranía del mérito: ¿qué ha sido del bien común?” en un contexto norteamericano, pero con una critica hacia la movilidad social que pudiera aplicarse en cierta manera a ciertos contextos.
El argumento de Sandel parte de que la ética de la meritocracia ha permeado en el discurso político como un instrumento de igualdad de oportunidades; sin embargo, existe un lado oscuro o negativo, que genera ganadores y perdedores que conlleva a una desigualdad social. Retoma una afirmación de Max Weber que resumen en cierta manera la problemática central de la meritocracia, diciendo que:
«El [individuo] afortunado rara vez se contenta con el hecho de ser afortunado —explicaba Max Weber—. Por encima de ello, necesita saber que tiene derecho a su buena fortuna. Quiere estar convencido de que se la “merece” y, sobre todo, de que se la merece en comparación con otros. Desea que se le permita creer que los menos afortunados simplemente están teniendo [su] merecido.»
Y a partir de este argumento, el libro va mostrando una narrativa de la evolución de la meritocracia en el ámbito educativo y laboral en un contexto totalmente norteamericano.
Los postulados centrales adicionalmente, retoman y critican una vieja discusión de Johns Rawls y la «la justicia distributiva – que – estipula que los afortunados deberían transferir a los desafortunados una parte (o la totalidad) de aquellas ganancias suyas debidas a la suerte»[1].
Sin embargo, aún así – señala Sandel – seguirá existiendo la desigualdad porque las motivaciones de distribuciones de ganancia en la perspectiva rawisiana es de compasión y no de entendimiento de como se llego a ese estado de necesidad[2]. En esa línea argumentativa se puede explicar el quiebre y polarización en EEUU con las élite, y el resurgimiento de liderazgos como Trump:
(…) el enfado populista contra la élite es principalmente una reacción adversa contra la creciente diversidad racial, étnica y de género. Acostumbrados a dominar la jerarquía social, los votantes varones blancos de clase trabajadora que apoyaron a Trump se sienten amenazados por la perspectiva de convertirse en una minoría en «su» país, «extranjeros en su propia tierra». Tienen la sensación de que ellos son más víctimas de discriminación que las mujeres o las minorías raciales y se sienten oprimidos por las exigencias del discurso público de lo «políticamente correcto».
Ahora, retomando los dos hilos conductores de la educación y trabajo, las soluciones – o intentos de soluciones – que plantea el libro es el sorteo de puestos para ingresar a universidades, y la dignificación salarial del trabajo. Más que propuestas son esbozos de ideas que no acaban de concretarse como vías alternas a la meritocracia.
¿Qué debemos hacer para generar una igualdad de oportunidades? Buscar el bien común según el argumento del libro; pero, ¿a qué se refiere con bien común[3]? Es un asunto que no se resuelve al no definirse en un sentido amplio, y afirmando implicitamente que la sociedad es elastica respecto a este tipo de necesidades.
En conclusión, es un buen libro que pone en el centro de debate un cambio de perspectiva del mérito o el “echeleganismo” para entender que siguen las desigualdades. En término de soluciones pareciera quedarse corto.
[1] Richard Arneson, «Rawls, Responsibility, and Distributive Justice», en Marc Fleurbaey, Maurice Salles y John Weymark, eds., Justice, Political Liberalism, and Utilitarianism. Themes from Harsanyi and Rawls , Cambridge (Inglaterra), Cambridge University Press, 2008, p. 80.
[2] En el mismo libro se desarrolla la idea del liberalismo y sus alcances frente a la meritocracia, frente al comunitarismo que comulga el propio Sandel.
[3] Para consulta del término de bien común, consultar Baños Ardavin, Emilio “Aproximación a la noción del bien común en Tomás de Aquino”, Revista Universidad de Malaga, 2014, p. 69