Como una estrategia de posicionamiento político, es común que partidos de nueva creación busquen a personas famosas – deportistas, artistas, cantantes, y otras – con el fin de atraer votos. Esto responde a un contexto en donde los partidos políticos dejaron de ser nichos ideológicos, a convertirse en partidos atrapatodo; pueden estar a favor de libre mercado y a la vez impulsar intervencionismo estatal. Lo que importan son los votos.
No es nuevo tampoco que artistas compitan por puestos de elección popular o directamente gubernamentales: Octavio Paz participó durante seis años como embajador de México en la India; Amado Nervo tuvo una carrera en el Servicio Exterior Mexicano; o incluso, Jaime Sabines fue diputado federal en dos ocasiones: la primera por Chiapas de 1976 a 1979, y por la Ciudad de México en 1998, y lo llevó a escribir un pequeño poema sobre su paso en la política:
Estoy metido en la política otra vez.
Sé que no sirvo para nada, pero me utilizan
y me exhiben.
“Poeta, de la familia mariposa-circense,
atravesado por un alfiler, vitrina 5”
(Voy, con ustedes, a verme.)
El problema no es decadencia política. Esa ya la tenemos desde siempre. El problema ahora es que un lugar de artistas, escogen hartistas con H.